Fuerza Miguel, fuerza Colombia

Esta semana se cumplió un mes del atentado contra el pre candidato presidencial Miguel Uribe Turbay. Imposible no devolverse a esa imagen de finales de los años 80 y comienzos de los 90 cuando el recrudecimiento de la violencia política cobró la vida de los candidatos presidenciales Luis Carlos Galán, Bernardo Jaramillo, Carlos Pizarro y Álvaro Gómez. Un episodio de la historia que jamás pensábamos volver a revivir.

El intento de asesinato a Miguel, quien tiene 39 años, fue a unas ideas, a un futuro, a la libertad y a lo más profundo de la democracia. Miguel es el senador en ejercicio más votado y fue la cabeza del partido Centro Democrático, el mayor opositor al gobierno del presidente Gustavo Petro. Paradójicamente, ese 7 de junio en la localidad de Fontibón en Bogotá, Miguel recorría los barrios conversando con la ciudadanía y señalaba: “nos están llevando a un pasado de violencia y de guerra al que no podemos volver. En carne propia viví lo que significa la violencia. Hace 30 años perdí a mi mamá por cuenta del secuestro y asesinato por parte de Pablo Escobar”. Igualmente, y sobre una improvisada tarima con dos canastas de frutas, mencionaba que no estaba dispuesto a que más familias vivieran lo que le tocó sufrir y hacía una reflexión sobre el porte de armas en manos de los bandidos, el sistema del cuidado y la salud mental como el principal problema médico del país.

Segundos después se escucharon los tres tiros que todavía retumban en la mente de muchos. Si bien las manifestaciones de solidaridad y rechazo al atentado han sido innumerables y multitudinarias, es lamentable evidenciar por parte de algunos, gestos de burla, irrespeto y subestimación ante un posible magnicidio. El asesinato de Galán y de Gómez llevó a que los presidentes de turno decretaran el estado de sitio y de conmoción interior, respectivamente.

No se ha visto una respuesta contundente que garantice la seguridad de los candidatos y sus familias, llevar a cabo elecciones libres y transparentes, luchar contra la violencia política y velar por que se imparta justicia a los responsables. Todo lo contrario, ha seguido la agresión verbal y digital, la injuria, la mentira y el ataque permanente a las instituciones. Lo más inquietante es que el proceso electoral apenas comienza. Pero en Colombia los ciudadanos son superiores a sus dirigentes y no se debe bajar la guardia en la defensa de los derechos, la libertad y la democracia. Debemos seguir trabajando por unir al país y rechazar los discursos de odio y la desinformación. Hay que seguir orando por la salud de Miguel. Fuerza Miguel, Fuerza Colombia.