Más allá de “la gorda” de Botero

La semana pasada, en medio de las marchas del Día Internacional de la Mujer, la icónica “gorda” de Botero fue vandalizada. La pintaron sin reparos, al ritmo de cánticos y tambores. Aunque algunas personas con gran sentido cívico intentaron limpiarla, la restauración costará por lo menos 50 millones de pesos. Este tipo de protestas generan un efecto contrario al que aparentemente buscan: lejos de abrir el diálogo sobre la equidad de género, fortalecen la resistencia a la conversación. El mensaje que queda es que unos ganan a costa de otros.

Sin embargo, como bien nos lo recordó Ana Fernanda Maiguashca en el reciente lanzamiento del Índice de Equidad de Género (IEG), esta es una deuda aún pendiente. Aunque las mujeres representan el 51% de la población mundial, son el 70% de quienes viven en la pobreza, el 83% de las cabezas de hogares monoparentales y el 66% de la fuerza laboral en el sector agrícola, pese a que solo el 1% son dueñas de la tierra productiva. En Colombia, el 90% de las personas inactivas dedicadas al hogar son mujeres. Ellas invierten cuatro veces más tiempo en tareas domésticas o de cuidado que los hombres. Pero la inequidad también golpea a los hombres: representan el 80% de los casos de suicidio en el país y el 90% de los habitantes de calle en Bogotá. A nivel mundial, son el 81% de las víctimas de homicidio y el 73% de las personas que consumen cocaína.

La equidad de género es una condición imprescindible para el desarrollo de Colombia. No hay productividad y competitividad si tanto las mujeres como los hombres no prosperan. Como señala la profesora Lina Céspedes, hablar del sistema de cuidado infantil o de personas mayores es hablar de la vida misma, y sin vida, no hay economía y no hay país. Por eso es esencial contar con herramientas como el IEG, que permite analizar avances y desafíos en cada departamento. Santander, por ejemplo, ocupa el sexto lugar en equidad de género, con mejoras en acceso a mercados e infraestructura de cuidado, pero con retrocesos en educación y salud. Se evidencian avances en inserción al mercado laboral y financiero, y uso de espacios institucionales de cuidado. Entre los retos sobresalen el nivel de escolaridad y el aseguramiento en salud.

La discusión sobre la equidad de género debe ir más allá de símbolos y acciones que dividen. No es una guerra entre hombres y mujeres, sino un compromiso de la humanidad contra la injusticia.