La segunda estrella

“Que no nos pase con el Distrito Metropolitano lo que nos sucedió con el Atlético Bucaramanga: que tuvimos que esperar 75 años para lograr una estrella”. Con esta reflexión del rector de la UIS, Hernán Porras, arrancó el foro El Segundo Intento de Organización del Distrito Especial de Bucaramanga, en el marco de los 20 años de la Revista de Santander de la misma universidad. El primer intento fue en 2005.

Con atino, el director de la revista, Armando Martínez Garnica, dedicó el componente regional a un asunto que hoy se debate en el Congreso de la República: la integración de los municipios de Bucaramanga, Floridablanca, Piedecuesta y Girón en una sola entidad territorial denominada Distrito Especial Industrial, Turístico, Educativo y de la Salud de Bucaramanga. El panel contó con la presencia de los autores de los artículos incluidos en la revista: Álvaro Beltrán Pinzón, Sergio Arenas y Amado Guerrero.

En conclusión: mientras que las dinámicas sociales y económicas tienden cada vez más hacia la conurbación, la institucionalidad evidencia mayor desintegración. El profesor Amado recuerda cómo la población del Área Metropolitana de Bucaramanga (AMB) representaba en 1985 el 42% de la del departamento, mientras que actualmente concentra el 55%. Sin embargo, la falta de un adecuado ordenamiento territorial ha hecho que cerca del 70% de los desplazamientos en el AMB se den desde Piedecuesta, Floridablanca y Girón hacia Bucaramanga, generando un modelo de ocupación del suelo disperso, difuso y fragmentado, que favorece la contaminación, la congestión y el deterioro de la calidad de vida.

Cada vez más nos alejamos de un modelo de centralidades de 15 minutos de distancia a la mayoría de servicios y bienes que necesita la ciudadanía (trabajo, comercio, educación, salud, recreación). Contamos con una malla vial precaria, el sistema de transporte masivo fracasó, los servicios públicos no llegan, y el espacio público es limitado o privatizado. En materia de competitividad, el AMB ocupa el sexto lugar cuando llegó a ocupar el tercero. Ahora ocupa el décimo puesto con menor pobreza cuando llegó a ubicarse en el primero. Mientras tanto, cada municipio no deja de mirarse el ombligo y desconocer la importancia de la articulación metropolitana.

“Locura es hacer lo mismo una y otra vez y esperar resultados diferentes”, dijo Einstein, y es exactamente lo que está pasando. No puede ser que lo de mostrar sea que los alcaldes se pusieron de acuerdo en un pico y placa, desatendiendo tantas necesidades del ciudadano metropolitano. ¿Qué van a decir las próximas generaciones? ¿Que el caos metropolitano fue producto de la victoria del interés particular sobre el interés general? No hay que esperar 75 años para reaccionar y obtener la segunda estrella. ¡Vamos por el Distrito Metropolitano!