Foco, sensatez y diálogo

El pasado domingo Colombia estuvo ad portas de una guerra comercial con los Estados Unidos, destino del 25% de nuestras exportaciones, y hasta entonces, uno de los principales aliados del país. Los chats de WhatsApp explotaron con cadenas de mensajes respecto a los trinos de los presidentes Petro y Trump. Muchos colombianos estuvieron pegados del techo. Cargamentos, inversiones, becas, reencuentros, cirugías, trabajos, viajes, en fin, multiplicidad de actividades quedaron en entredicho. Las consecuencias hubieran sido devastadoras para Colombia, y Santander hubiera sido uno de los departamentos más perjudicados, dado que el 35% de sus exportaciones se destinan a los EE.UU. La directora de la Organización Mundial del Comercio ya lo había anunciado días atrás en el Foro Económico Mundial: las guerras comerciales pueden generar decrecimientos de hasta doble dígito. Más grave que la pandemia. Eso significaría pobreza, desempleo, informalidad, hambre y desesperanza.

Todo producto de un nefasto manejo de las relaciones diplomáticas. Los canales de comunicación no pueden ser la cuenta de X del presidente. Afortunadamente, la sensatez de varios miembros del gabinete permitió restaurar los lazos comerciales y evitar la debacle. El detonante del malestar del presidente estaba en que los colombianos llegarían esposados al país, hecho que ha sucedido innumerables veces en los últimos años y no había generado ninguna protesta. La desproporcionalidad de la discusión no tiene precedentes. Mientras los reflectores se enfocaron hacia el norte, se dejó de hablar de la crisis humanitaria del Catatumbo, la crisis de inseguridad, la crisis de la salud, la crisis energética o la crisis presupuestal, entre otras. Por ejemplo, el congelamiento de recursos en el sector transporte significaría una reducción del 65% de los gastos de funcionamiento de Cormagdalena, la entidad que tiene a cargo el proyecto más importante según el Plan Nacional de Desarrollo que es la navegabilidad del río Magdalena.

Sin duda el presidente fue noticia en todo el mundo. Sin embargo, las relaciones con los EE.UU. quedaron maltrechas. Ahora el proceso de ingreso a este país es más difícil, la cooperación internacional que se venía recibiendo paró en seco, los inversionistas y potenciales visitantes empiezan a vernos con precaución, el proceso de visado se interrumpió, y Colombia asumirá los costos de las repatriaciones, los cuales se estiman en más de 40.000 millones de pesos. Esta misma situación, pero a menor escala, ocurre con frecuencia a nivel regional y local. El ego, la vanidad y el dogma enceguecen e inhiben el diálogo, la unión y enfocar los esfuerzos en lo que realmente importa: mejorar la calidad de vida de los colombianos.