¿Cómo vamos en pobreza?

Esta semana salió uno de los datos más esperados del año: el nivel de pobreza monetaria en el país y en las principales ciudades. Los datos se entregaron tarde, lo que parece una práctica reiterada en el actual gobierno. Antes, los resultados se publicaban en mayo y este año era fundamental que salieran de manera oportuna para que sirvieran como insumo en la formulación de los planes territoriales de desarrollo, lo que lamentablemente no ocurrió.

No obstante, el informe del DANE nos brinda luces importantes sobre lo que viene pasando en materia de pobreza. Con corte a 2023 y en el orden nacional, ser pobre significa vivir en un hogar con un ingreso menor a 435.000 pesos mensuales por persona. La buena noticia es que la pobreza disminuyó del 36,6% al 33%, es decir, 1,6 millones de personas salieron de la pobreza frente a 2022. De esta manera se evidencia una tendencia positiva desde 2021, luego de la disparada producto de la pandemia.

Sin embargo, todavía hay 16,6 millones de personas en el país que no cuentan con los ingresos necesarios para cubrir sus necesidades básicas (transporte, vivienda, alimentación, ropa, entre otros). Asimismo, 5,8 millones de personas se encuentran en pobreza extrema y por lo tanto registran ingresos en sus hogares menores a 219.000 pesos mensuales per cápita, lo que no alcanza para cubrir alimentos básicos. Las razones que explican esta disminución de la pobreza son el aumento de los ingresos laborales y las ayudas de los hogares (remesas y demás apoyos familiares). Las ayudas institucionales no evidenciaron una contribución positiva en la variación del ingreso de los más pobres.

A nivel del área metropolitana de Bucaramanga (AMB), la pobreza también disminuyó. Pasó de 34,2% al 31%, es decir que 35.000 personas salieron de la pobreza, pero aún quedan 380.000 personas en estas condiciones. El AMB tiene la particularidad de que registra la línea de pobreza monetaria más alta del país. Ser pobre en el AMB significa vivir en un hogar con ingresos per cápita inferiores a 600.000 pesos. La mala noticia es que seguimos rezagados frente a las otras ciudades. Ahora el AMB no ocupa el puesto noveno, sino el décimo con menor pobreza, cuando en 2014 ocupaba el primer puesto.

Bajo esta óptica, hay dos grandes conclusiones. La primera es que la mejor manera de luchar contra la pobreza es la generación de empleo. Y la segunda, el AMB necesita una estrategia unificada de lucha contra la pobreza que reactive la economía, garantice ayudas institucionales pertinentes, fortalezca la educación y promueva la formalidad laboral. Hasta el momento, se evidencian pocas estrategias en este sentido a nivel metropolitano.