La derrota política del dictador, Nicolás Maduro, es un hecho. Las manifestaciones conformadas por ríos de gente a favor de la oposición así lo demuestran. Se siente fervor y esperanza. No en vano, el desespero del oficialismo. Solo le quedan las amenazas: “Si quieren que Venezuela no caiga en un baño de sangre, en una guerra civil fratricida producto de los fascistas, garanticemos el más grande éxito, la más grande victoria electoral de nuestro pueblo”, son las palabras que Maduro repite una y otra vez ad portas de las elecciones.
Sin embargo, la oposición está más unida que nunca bajo el extraordinario liderazgo de María Corina Machado y el candidato Edmundo González, pese a que el régimen ha hecho todo lo posible por reprimir a sus contendores. Han sido detenidas 102 personas pertenecientes a la campaña de González. Han cerrado las fronteras. Han deportado a la prensa y observadores internacionales. Han limitado la participación electoral. Una estrategia sistemática de intimidación, abuso y opresión a las libertades de los venezolanos. El crecimiento económico se desplomó 20% desde 2018. La inflación ha alcanzado cifras de hasta un 130.000%, más del 80% de la población vive en la pobreza y la corrupción no tiene límites.
Pese a este panorama, la mayoría de expertos, tales como IDDEA Comunicaciones, estiman que es poco probable que Maduro deje el poder. El fraude ya está planeado, pero como dice Ana Corina: “este no es el final, pero sí el principio del final”, lo que genera la pregunta de si estamos preparados para una nueva Venezuela. Es decir, un país que debe reconstruirse y que necesita todo tipo de insumos, talento y apoyo para lograr sacar a su población de la pobreza.
La realidad es que estamos ciegos ante esta oportunidad, que se hace cada vez más fuerte frente a la recuperación del comercio binacional. No solo no se ven intenciones serias de fortalecer el corredor Cúcuta – Bogotá, sino que se ha retrocedido. Con la liquidación del contrato de concesión Bucaramanga – Pamplona se perdieron más de 2 billones de pesos y el gobierno nacional abandonó el proyecto.
El mapa de las vías férreas tampoco contempla una conexión con Venezuela. La vía Belencito – Bucaramanga, que permitiría conectar a Colombia con el vecino país, fue descartada. Es decir, ni por vía terrestre ni férrea. Es lamentable que le demos la espalda al principal mercado natural de Colombia. Entretanto, seguiré haciendo fuerza para que Venezuela recobre la libertad y para que Colombia se solidarice sin titubeos con este proceso.
