Imposible no dedicar esta columna al glorioso Atlético Bucaramanga, que tanta unión, ilusión y alegría nos ha generado a todos los santandereanos. Difícil recordar un momento en el que se sintiera este mismo nivel de entusiasmo y fervor. Las camisetas, cachuchas, banderas y bolsos alusivos al Atlético se agotaron. Otros desempolvaron las camisetas de hace años. Lo importante es ponerse los colores del auriverde y mostrar orgullo y apoyo a nuestro equipo de fútbol. El Búcaros rompió con las barreras de los estratos económicos, las ideologías políticas, la religión o la geografía. Es emocionante ver cómo la fiesta del fútbol se vivió en cada uno de los rincones del departamento.
Los leopardos lograron lo impensable: volver a la final del fútbol colombiano después de 27 años. El Atlético no es solo una ciudad, sino todo un departamento que vibró y soñó con la primera estrella. El Bucaramanga nos demostró que pertenecemos a las grandes ligas a nivel nacional e internacional. Rumbo a la Libertadores ya no es propósito, sino una realidad. Alcanzar este gran logro implicó trabajo en equipo, disciplina, persistencia, agallas y el liderazgo del director técnico, el venezolano Rafael Dudamel.
Lo mismo ocurre con el desarrollo regional. Se requiere, como lo hizo Jhon Córdoba, hacerle pases a Freddy Hinestroza para marcar goles y darle alegría y esperanza al equipo, a Bucaramanga y a Santander. Nada de individualismos. Los sectores público, privado, académico y social también deben hacerse pases para meterle una goleada a la pobreza, la exclusión, la inseguridad y la corrupción. Sigamos el ejemplo del Atlético Bucaramanga. Rugir como los leopardos debe ser sinónimo de trabajo en equipo. Solo de esta manera haremos que Santander recobre su presencia a nivel nacional.
Asimismo, el Atlético nos demostró la importancia de promover y fortalecer la santandereanidad. La cultura, el arte y el deporte son sin duda elementos fundamentales en este objetivo; sin embargo, muchas veces son sectores olvidados. Invertir en la identidad, la historia y los valores de un pueblo es darle vida y propósito. Gracias al Atlético Bucaramanga, a todos los jugadores, a Dudamel, a los patrocinadores y a la hinchada, por ese ejemplo de grandeza.
Posdata: Esta columna fue escrita antes de la final.
