“Cuando supe sobre Campuslands (un centro de entrenamiento y empleo para programadores ubicado en la Zona Franca Santander), pensé “de eso tan bueno no dan tanto”. Finalmente, me vinculé. Hoy tengo 19 años, me gano dos millones y medio mensuales y trabajo en Masabi”, una multinacional inglesa que está transformando el recaudo de los sistemas de transporte masivo en el mundo. Otra camper (como se denomina a las personas que estudian en esta escuela) de 19 años, estudió en un colegio en Barrancabermeja y después de haber pasado por Campuslands, ahora trabaja en Amaris Consulting, empresa franco-suiza con presencia en los 5 continentes. Ella arrancó con un sueldo de 2,5 millones de pesos y después de 10 meses se lo subieron a 3 millones. Una joven, de 26 años y con 2 hijos, empezó ganando 5 millones de pesos gracias a su alto nivel de inglés y capacidad de comunicación. La carrera profesional en este sector se caracteriza por un crecimiento acelerado. En 4 años superaran los 8 millones.
Así son las historias de los 184 jóvenes que han finalizado su formación en Campuslands y que ya cuentan con un contrato laboral. El 85% de los campers son personas de estrato 1, 2 y 3. La formación fue gratuita producto del apoyo de los mismos empleadores y empresas patrocinadoras como Cajasan, Obleas Floridablanca y Marval. La tasa de empleabilidad es del 78%, dado que algunos deciden seguir estudiando o emprender, y el salario inicial es de por lo menos 1,8 millones de pesos. Son más de 70 empresas las que han contratado a estos campers, de las cuales el 20% son internacionales. Quién lo creyera: jóvenes que, después de haber salido del colegio, optaron por una formación en programación de 8 a 10 meses, hoy están exportando servicios de tecnología desde Bucaramanga.
Según David Vélez, CEO de Nu Bank y el hombre más rico de Colombia, “no hay suficientes programadores. Todavía se gradúan 10 veces más contadores y abogados. En América Latina hay un déficit de un millón de programadores”. El innovador modelo de formación de Campuslands, que incluye inglés y habilidades blandas, ya está en Bogotá en alianza con la EAN, en Tibú (Norte de Santander) con Uniminuto y se espera abrir pronto en Barranquilla y Villavicencio. Incluso, una multinacional les propuso abrir una sede en Brasil. En Santander se podrían graduar miles de programadores si se contara con el apoyo requerido, lo que le daría un estartazo a la economía. Pero, sobre todo, permitiría que más jóvenes se suban a este cohete social en un contexto donde muchos no ven un futuro prometedor en el país. Como dijo un camper: “venimos de abajo y estamos dispuestos a romperla”.
