El dato que quita el sueño

La semana pasada fue publicado el dato que debe generar una obsesión por combatirlo: la pobreza. La buena noticia es que sigue disminuyendo desde la pandemia y se ubicó en un 31,8%.

Una disminución de 2,8 puntos porcentuales frente al año 2023. Es decir, si bien se redujo en 1,2 millones de personas la población en situación de pobreza, todavía hay 16,2 millones que viven en estas condiciones. Eso significa que habitan en hogares donde cada uno de los miembros cuenta en promedio con menos 460.000 pesos mensuales, lo que no permite cubrir gastos esenciales como vivienda, transporte, ropa y calzado, entre otros. Para la Red de Bancos de Alimentos de Colombia (ABACO) no alcanza ni para cubrir una adecuada alimentación, de acuerdo con las directrices del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), equivalente a por lo menos 643.000 pesos por ciudadano al mes.

Las razones de la disminución de la pobreza se deben principalmente al crecimiento económico, el cual pasó del 0,7% al 1,7% del 2023 al 2024. La mala noticia es que no hay una estrategia de crecimiento económico por parte del gobierno nacional, que incentive la inversión y genere confianza. Permanentemente se escuchan ataques e insultos a las instituciones, gobernantes locales, medios de comunicación, al sector productivo y líderes gremiales cuando debería haber un trabajo mancomunado para que haya mayor desarrollo. ¿Qué tal que tuviéramos metas y planes compartidos? Adicionalmente, las políticas de redistribución, es decir, las transferencias de ingresos de los hogares con mayores recursos a los más vulnerables no muestran la efectividad esperada, lo que invita a una reflexión sobre la pertinencia, eficiencia y transparencia en el manejo de los recursos públicos.

En lo que concierne al Área Metropolitana de Bucaramanga (AMB), se evidencia una leve disminución de la pobreza (-1,2 p.p.). De hecho, fue de las ciudades con menor reducción en el país y se ubicó en el 30,5%. Son 379.000 personas en situación de pobreza. Seguimos en el puesto décimo, cuando hace una década éramos líderes en lucha contra la pobreza. Ahora bien, el AMB tiene un reto mayor que cualquier otra ciudad, dado que registra la línea de pobreza más alta en el país (639.000 pesos mensuales), incluso superior a la de Bogotá. Estos datos deben generar una conversación con el DANE con el objetivo de conocer con más detalle cuáles son los principales cuellos de botella y así establecer un plan metropolitano de reactivación económica y redistribución del ingreso. El crecimiento y la erradicación de la pobreza deben ser dos propósitos firmes y compartidos por parte de los gobiernos locales.