El fallecimiento del papa Francisco, el pasado lunes 21 de abril, fue noticia en todos los rincones del mundo. El argentino Jorge Mario Bergoglio, fue el primer papa latinoamericano y jesuita, así como el primero en tomar el nombre de San Francisco de Asís, santo de los animales y la naturaleza, y autor de la famosa oración: Señor, hazme un instrumento de tu paz. Que donde haya odio, ponga yo amor, donde haya ofensa, ponga yo perdón, donde haya discordia, ponga yo unión, …”. El papado de Francisco duró 12 años, dejando a sus 88 años un legado de coherencia, humildad, consciencia, apertura e inclusión.
Más allá de haber sido la autoridad de la iglesia católica, que reúne a 1,4 billones de personas en el mundo (18%) y que equivale cerca del 60% de la población de Colombia, el papa Francisco fue considerado para muchos la consciencia moral a nivel global. En sus encíclicas no solo les hablaba a los católicos sino a todas las personas, independientemente de su religión. En la famosa encíclica “Laudato si (alabado seas): el cuidado de nuestra casa común”, hizo un llamado a proteger el planeta, buscar un desarrollo sostenible e integral, y tener en cuenta que los más afectados por el cambio climático son los pobres. Una temática poco abordada por la iglesia. Asimismo, luchó por los más vulnerables como los migrantes y las minorías. Decía que “sin una solución a los problemas de los pobres, no se pueden solucionar los problemas del mundo”.
Promovió la paz en Colombia, Sudán del Sur, Gaza, Ucrania y muchos otros países. Sorprendió con gestos como besarles los pies a los líderes en Sudán del Sur, implorándoles detener la guerra. Fue el tercer papa en visitar Colombia, lo que ocurrió justo después de la firma del acuerdo de Paz. Durante su presencia, Bogotá no registró ningún homicidio en 48 horas. Buscó mejorar las relaciones con los clérigos musulmanes, el gobierno chino y líderes del cristianismo.
En el interior de la iglesia, una institución de tradiciones milenarias, inició polémicas reformas. Pidió perdón por abusos sexuales, limitó el uso de la misa tridentina (en latín y de espaldas al público), permitió la bendición de matrimonios del mismo sexo, incluyó a mujeres y laicos en espacios de toma de decisiones, abrió el debate sobre el celibato, redujo la burocracia y fortaleció la descentralización en detrimento de la concentración del poder en Roma. Y así como predicaba, actuaba. Donó su sueldo y tenía un estilo de vida modesto. Es indudable su amor por la humanidad y la naturaleza. Ojalá la iglesia católica siga construyendo sobre el norte establecido por el papa Francisco (q.e.p.d.).
