Enseñanzas de Rafael

 

La noticia del fallecimiento de Rafael Ardila Duarte fue un golpe que dejó a muchos sin palabras y en una especie de aturdimiento del que tomará tiempo salir. Es difícil imaginar la partida de una persona que se caracterizaba por tanto entusiasmo y alegría.

El video que se ha hecho viral en las redes sociales sobre sus palabras en la Lección Inaugural para los estudiantes de pregrado de la UNAB es una viva muestra de tantas enseñanzas que dejó. Con anécdotas y frases coloquiales transmitía mensajes profundos. Hay dos en los cuales vale la pena enfatizar: la importancia del trabajo en equipo y del desarrollo del potencial de la juventud.

Decía con frecuencia: “en aritmética aprendimos que dos quebrados dan un entero”, para hacer referencia al valor de la unión como base del progreso en los diferentes ámbitos de la vida (familiar, empresarial y regional).

Los viajes en familia eran sagrados. Junto con su esposa, Nancy Arenas, fundó la empresa Rayco, una distribuidora de electrodomésticos a nivel nacional. En asocio con reconocidos empresarios santandereanos y antioqueños, hizo parte de la creación de Aliar, una exitosa compañía enfocada en contribuir a la seguridad alimentaria del país.

Impulsó por lo menos 18 empresas. Era un emprendedor en serie y diseñador de equipos basados en reglas de juego claras para generar empleo formal y bienestar.

Tenía claro que la función empresarial debía estar atada a la labor cívica y gremial. De ahí que, con gran entusiasmo, participó en juntas directivas de entidades como la Cámara de Comercio de Bucaramanga, Fenalco y la Fundación Estructurar, entre otras.

Asimismo, fue uno de los gestores de Prosantander. Con su desparpajo y sinceridad me dijo alguna vez: “los empresarios debemos unirnos en torno al desarrollo regional, o nos capan por separado”.

Por último, Rafael fue un enamorado de la educación y de abrirle oportunidades a la juventud. Para él, “las fábricas más importantes son las universidades; son las fábricas del intelecto humano”.

Uno de sus mayores orgullos fue dedicar su energía a la UNAB. Promovió nuevos liderazgos y les insistía a los jóvenes en la importancia de participar en política y de actuar con honestidad.

Con Alejandro Galvis Ramírez, el COVID se ha llevado a dos de los más grandes exponentes de Santander durante este año. Nos dejaron un inmenso legado, invaluables enseñanzas y una gran responsabilidad para las nuevas generaciones.