¿“No se habla de Bruno, no, no”?

En la película Encanto de Disney, en la familia Madrigal había un acuerdo tácito de no hablar de Bruno, el tío que tenía el poder de pronosticar el futuro, el cual no era necesariamente lo que la gente esperaba. Todos querían buenas noticias, pero no siempre era el caso. Hablar con Bruno generaba miedo, y por lo tanto, era rechazado. Para no crear malestar, él desapareció, pero en realidad estaba escondido en la casa y desde el interior de las paredes estuvo protegiendo a sus familiares. Finalmente, es acogido y le ayuda a Mirabel, la protagonista principal, a encontrar su don, que es mantener unida a toda la familia y que florezca el talento de cada uno de sus miembros.

Lo que sucede en la película Encanto es algo que ocurre con frecuencia en las familias, organizaciones y en la sociedad. Hay temas vedados y da pavor ponerlos sobre la mesa. Algunos personajes o temáticas se convierten en chivos expiatorios y se les atribuyen culpas ajenas. Se les trata injustamente, en lugar de generar curiosidad, entendimiento y aprendizaje. Una situación propicia para el chisme y la desinformación. Pero en realidad, el verdadero villano no es Bruno, sino las inseguridades de la familia Madrigal, su vergüenza y la incapacidad de aceptar la diferencia.

Pues bien, lo mismo nos sucede en el país y en el departamento con ciertos asuntos, por ejemplo, el fracking. Para algunos la palabra genera terror. Como Bruno, nada más incomprendido. Esta semana, la Asamblea de Prosantander 2025 “Transición energética a la colombiana: Hablemos de fracking”, reunió a múltiples expertos y voces divergentes sobre la materia. Esta es una técnica que lleva 80 años de maduración, que es menos contaminante que los métodos tradicionales y que puede generar una gran riqueza para Colombia y particularmente para Santander. Ya se han realizado más de 2 millones de pozos en el mundo a través de fracking, con excelentes resultados como bien se demuestra en Estados Unidos y Argentina.

Sin embargo, el gobierno nacional está a punto de aprobar una ley que prohíbe esta tecnología. Para algunos es como prohibir la inteligencia artificial por no tener la capacidad de entenderla, cuando puede ser una oportunidad de progreso. ¿Si el gobierno está tan seguro de que el fracking no es conveniente, por qué negarse a hacer un piloto que demuestre su inviabilidad? ¿Y qué tal que sea viable? La disminución de los recursos fiscales y de las reservas de hidrocarburos, así como el aumento de los precios del gas y las innumerables necesidades sociales, nos exigen innovar. No nos dejemos censurar. No le tengamos miedo a abrir conversaciones difíciles con respeto y evidencia, que permitan encontrar soluciones a nuestros desafíos como sociedad.